sábado, 24 de marzo de 2007

Mineral del Chico


Luego de casi 14 horas de viaje llegué por fin a Mineral del Monte. Como no hay propiamente una central de autobuses, el chofer del camión de la línea Flecha Roja me bajó en una de las entradas del pueblo. Luego me enteré que existen mejores y más rápidos modos de llegar a este lugar desde Pachuca.
Con mi mochila al hombro y sintiéndome aliviado de estirar las piernas, caminé unos 600 metros hasta el centro del pueblo. La plaza estaba repleta de personas y de olor a chilango. No me equivoqué, el pueblo bullía de capitalinos ansiosos de alejarse de la ciudad.
Sin sentirme amedentrado por semejante situación me fui a buscar el hotel en dónde me hospedaría.
El Hotel "POSADA DEL REAL", se ubica en la calle de Jerusalem 3,a unas cuantas cuadras de la plaza principal de Mineral del Monte. El hotel es funcional: cuartos con una o dos cama, un baño espacioso y televisión con cable para los que les interese. El precio es accesible, está limpio y muy bien ubicado. No hay una recepción formal, así es que mejor reservar con tiempo.

http://www.hotelparaisoreal.com/posadadelreal/

Pues nomás dejé mis triques y me salí a comer algo. A un costado de la plaza principal me encontré con uno de los muchos locales en los que sirven Pastes, de los cuales me ocuparé en un capítulo especial. Al finalizar mi deliciso paste me fui a tomar un taxi para irme a Mineral del Chico.
Mineral del Chico es un pueblito muy mono ubicado en la sierra de Pachuca. Los bósques alrededor constituyen el Parque Nacional del Chico y hay muchos lugares para acampar y pasar un par de días en medio de lindos paisajes y frio de los mil diablos.
Pero yo prefiero a estas alturas de mi cuarta vida un lugar más confortable para dormir. Así es que solo disfruté la vista y me regresé a Mineral del Monte.
Luego de orientarme, comenzé a caminar hacia el lecho del río, aunque decir río es una exageración ya que solo es el cauce de un arroyo. Al final del trayecto me detuve en un conjunto de cabañas y restaurantes. A este punto de mi viaje, traía la lengua de corbata. La altura en el lugar es por encima de los 2500 metros, así es que cada paso me costaba un buen. Ya más tranquilo, decidí probar lanzarme en tirolesa. Fue una experiencia memorable, la sensación de deslizarse por un cable de acero a unos 30 metros del suelo es como para poner a bailar el corazón.
Les cuesta unos 150 pesos los tres tramos y creanme, vale la pena.
En este lugar me comí unas deliciosas quesadillas de hongos en masa de tortilla verde-azulada. Qué delicia! Una quesadillota por menos de 30 pesos.
De regreso al pueblo, que por cierto estuve a punto de dejar el bofe, conocí este amiguito.